¿Por dónde empezar? Bien. Varias cosas.

Esta semana que no tuve internet, me llamó algo totalmente la atención: soy una tarada en todos los sentidos.
Me di cuenta de que a esa persona la odio demasiado sólo cuando la veo en el Facebook, o cualquier cosa que me haga acordar a ella. Cuando estoy sin la computadora, lo única cosa que me hace acordar a ella es la frase que tengo en mi pared, la cual me dedicó y se la dediqué, con toda la bronca que pueda tener.
Y nunca me voy a arrepentir de todas las mañanas, cuando me levanto para ir al colegio, repetírmela y decirme que es la verdad. Que MI muerte será SU vida, pero que MI vida será SU muerte (:
Listo. Punto dos.
Me sentí una pelotuda al entender todo lo que Santi, Roma y antes Alan me decían. No vale la pena. Da igual, ya está. Es al pedo preocuparme más. ¿Quiere cortarse? Que se corte, que se mate. Yo no puedo hacer nada más. Yo ya le dije lo que tenía que decir. Yo ya hice lo que tenía que hacer. Ya-está. Y por fin lo entendí.
Ajám. Tres.
Me di cuenta de que no todas las personas me odian (hablando de las que no me conocen). Es decir, el viernes, cuando fui a comprar Humanoid y Brand New Eyes (salían sesenta pesos cada uno, osea: no los compraba ni a palos porque tenía cincuenta pesos nomás, y encima tenía que poner para el regalo de Pauli) salían mucho y The Black Parade estaba a treinta pesos, así que lo compré.
Pasó que como buena loca que soy, apenas vi The Black Parade corrí hacia él y lo tomé en mis manos (?) y un chico (tipo dieciséis años) con una crestita me miró como diciendo '¡Chemicalera!' y es como que me enteré de que hay personas en esta ciudad parecidas a mí.
Fin de mi historia. Aunque hay más, las cuales no puedo contar.
No me quiero volver a enojar por lo mismo, no más.